lunes, 4 de mayo de 2009

Tomás Polanco

Marcel Carvallo Ganteaume // Tomás Polanco

Alumnus perennis
No basta el haber conocido a la persona física de Tomás Polanco, su figura de hombre sedentario, de hombre de escritorio, de intelectual, de caminar algo pesado, para decir que conocimos a Tomás Polanco; no basta tampoco el haber conocido su cara de hombre bonachón, de sonrisa fácil y acogedora para conocer al polifacético Tomás Polanco.
Yo puedo decir que lo conocí, en primer lugar, porque conocí a María Antonia su esposa y conocerla a ella era conocer la parte más íntima de Tomás. Era conocer esa parte de su ser que no se nos revelaba sino a través del amor que se extendía como un precioso puente de Tomás a María Antonia y de María Antonia a Tomás, de modo que se podía pasar del uno al otro y del otro al uno sin solución de continuidad, pues la dulzura de ella teñía toda entera la intelectualidad de él.
Yo tengo bastantes libros de Tomás y, que cosa más curiosa, en todos ellos encuentro a María Antonia. No recuerdo quien dijo que "el estilo es el hombre", pero creo que en este caso particular tendríamos que decir que "el estilo es la pareja", pues en todos ellos se encuentra la mano oculta de María Antonia que barnizó de amor esas obras del intelecto de Tomás.
Creo que es por eso que las vidas descritas por Tomás no reflejan la amargura, ni la hiel, ni el odio que marcan otras vidas. Es posible que estén allí, pero no son lacerantes por estar cubiertas con el barniz que le imprimió el amor de María Antonia a la pluma de Tomás.
De la pluma de Tomás salieron un Simón Bolívar vestido de humanidad y despojado del barroco de los mitos que más tarde harían de él un ídolo, no servido sino al servicio de quienes, en uno u otro tiempo o hecho histórico, han querido sacar provecho de esa idolatría en que el hombre deja de ser lo que es para ser lo que el otro quiera que sea.
Entre aquellas biografías destaca la figura majestuosa y en cierto modo misteriosa de Francisco de Miranda en quien se confunden, según Tomás, Don Juan y Don Quijote, es decir, el soñador que hace realidad sus sueños corriendo tras ellos, construyendo así su vida y con esta su historia penetrada de misterios y teñida de sueños.
Me atrevo a decir que sólo un Tomás Polanco que, gracias a María Antonia supo de amor y que conoció de historias, ha podido darle vida al Miranda que, curiosamente, todos creemos conocer a pesar del misterio que rodeó su vida.
De la pluma de Tomás, cobrando vida, salieron además de Bolívar y Miranda próceres civiles, políticos y militares como Páez, Gómez, Guzmán Blanco, Pedro Emilio Coll y López Contreras.
Ojalá todos pudiéramos leer las vidas descritas por Tomás para aprender cómo vivir en sociedad los más y cómo gobernar los menos.

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