domingo, 17 de mayo de 2009

La desobediencia debida ensayo ético-jurídico

MUCHAS PERSONAS sometidas a juicio en los tribunales
internacionales han pretendido defenderse y justificar
sus actos escudándose en "la obediencia debida" a
órdenes de sus superiores.
Los acusadores sostienen que el hombre es libre; que
todo acto humano es consciente y libre; que todo funcionario
es un ser humano; y que por tanto todos sus actos, siendo
conscientes y libres, implican responsabilidad.
Ahora bien, obedecer o desobede cer son actos humanos que,
regidos por la razón y la voluntad, pueden ser las más sublimes
manifestaciones de la libertad.
Ejemplos de ello los tenemos en Antígona, Sócrates, Cristo y
Tomás Moro, quienes por obedecer las leyes divinas desobedecieron
las leyes humanas y fueron entregados a la muerte.
Ahora bien, en las leyes existe una jerarquía de valores que se
debe respetar. En primer lugar la Ley Natural, que reconoce la
dignidad del hombre y exige el respeto por los derechos humanos:
la vida, la libertad, la verdad, la justicia, la igualdad,
el amor y la felicidad.
En otro orden jerárquico se encuentra la Constitución que
sirve de marco de referencia, límite y orientación de todas
las actividades civiles, y se divide en Títulos, Capítulos,
y Artículos sucesivos atendiendo a su jerarquía.
Primero vienen aquellos Títulos y Artículos, cuya jerarquía
se funda en que definen la esencia, los atributos, el
territorio y quienes conforman la República sin lo cual lo
que sigue no tendría sentido.
Luego vienen en el Título III, los capítulos que se
refieren a los derechos humanos ya señalados, y luego a los
derechos civiles, políticos, sociales, culturales y
económicos de los ciudadanos.
Siguen en orden jerárquico descendiente los Títulos y A
rtículos de la Constitución que se refieren a las funciones
y organización de los Poderes Públicos que sólo existen
para servir a la comunidad en el ejercicio de sus derechos,
debiendo estar sometidos a ellos.
Así el problema que se le presenta al funcionario,
no es el de la "obediencia debida", si no el de la
"desobediencia debida". En efecto, ¿a quien la "obediencia
debida": a las leyes o al funcionario que las representa?
Sin duda que a las leyes que gobiernan la conciencia y
la ciudad y permiten la convivencia entre los hombres.
Y ¿a quién entonces la "desobediencia debida? Sin duda
a las leyes de menor jerarquía cuya obediencia implique la
transgresión de otras de mayor jerarquía, pues el cumplimiento
de una ley de menor jerarquía no puede implicar la transgresión
de otra de mayor jerarquía.
De modo que el funcionario o militar que quiera consciente
y libremente obedece

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