El señor Hernández demuestra el grado de insensatez al cual lo ha llevado su
anticlericalismo
La ignorancia de la materia permite que se digan o escriban tonterías, como
lo hace el señor Clodovaldo Hernández (El Universal, 13-07-2007) al
referirse de manera denigrante a "algunos" obispos de la Iglesia Católica,
aunque me sospecho que lo hace no sólo por ignorancia, sino dominado por un
sentimiento de rechazo político y de anticlericalismo irracional alimentados
el uno por el otro.
En efecto, en una reacción muy propia de personeros del "Proceso", la simple
manifestación de apoliticismo por parte de "algunos" obispos ha desatado en
el señor Hernández la ira incontenible que lo ha llevado a denigrar de
aquellos humildes servidores del pueblo de Dios, ofendiendo su nombre y la
fama a la cual tienen derecho.
La forma grosera con la cual el señor (¿?) Clodovaldo Hernández insulta a
los señores Obispos merece el rechazo de todos los que los conocemos como
hombres dedicados al servicio diario de la Iglesia y por ende de la sociedad
venezolana con preferencia por los pobres.
De los pastores que rigen a la Iglesia Católica en Venezuela solo puede
decirse que viven a plenitud sus votos de pobreza y castidad en humildad,
haciéndose pacientes, obedientes y mansos de corazón, y no como dice el
señor Hernández, faltando al mandamiento bíblico que nos dice que no podemos
levantar falso testimonio ni mentir, pues el otro tiene derecho al buen
nombre, a la honra y al conocimiento de la verdad.
Las groserías con las que el señor Hernández trata a los señores Obispos
pretendiendo manchar sus nombres y con ellos el de la Iglesia, demuestran
hasta donde el villano puede llevar su villanía.
Las pastorales de los señores Obispos y los documentos de la Conferencia
Episcopal Venezolana señalan reiteradamente la preocupación preferente de
los señores Obispos por los pobres, preocupación que se concreta en las
numerosas obras sociales que, inspiradas y dirigidas por ellos, realizan
laicos católicos, religiosos y religiosas por todo el territorio nacional en
escuelas, hospitales, orfelinatos, maternidades, etc., como lo hicieron
hasta la hora de su muerte José Gregorio Hernández y las recién beatificadas
María de San José y Candelaria de San José.
¿Quién no conoce la formidable obra que, en medio de los muy pobres y para
beneficio de ellos, realizan entre otros Fe y Alegría, las Damas Salesianas,
las Hermanitas de los Pobres, y los Hogares de Don Bosco, obras que se han
extendido por Latinoamérica y más allá?
En su culposa ignorancia el señor Hernández desconoce la inmensa labor
social que realiza en todas las parroquias el clero secular bajo la
inmediata dirección de los señores Obispos.
Pero donde el señor Hernández demuestra el grado de insensatez al cual lo ha
llevado su anticlericalismo irracional es cuando dice que los señores
Obispos "viven como príncipes medievales enmantillados en ropajes de oro y
comiendo a dos cachetes".
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