lunes, 4 de mayo de 2009

Eleazar López Contreras

Marcel Carvallo Ganteaume // Eleazar López Contreras

Alumnus Perennis
En estos tiempos de nuestra historia cuando la diatriba es usada como instrumento de gobierno en el discurso presidencial que pretende imponerse y la oposición deriva sin rumbo en busca de un destino que desconoce, nuestros políticos, tanto del gobierno como de la oposición debían recurrir al libro Homenaje al General Eleazar López Contreras, edición del Banco Central dirigida por Tomás Polanco Alcántara, para aprender a gobernar.
En ese libro Tomás Polanco nos dice que "las disposiciones oficiales surtirían efectos sorprendentes si el jefe del Estado, antes de aprobarlas y transmitirlas, dialogara con el país para invitar a los ciudadanos a que las acepten y las respeten en aras del bien común. Mil veces más efectiva que la obediencia forzada es la sensación de colaboración pactada que rodea a una medida oficial explicada por el jefe del Gobierno a la nación; por esa vía pueden transformarse los hábitos y las tendencias, neutralizarse el egoísmo social, procurarse la solidaridad y movilizar las mejores disposiciones del alma colectiva. López Contreras apeló a ese expediente y acertó".
Sigue diciendo Tomás Polanco: "López, formado en la más hermética dictadura de nuestra historia, descubre en el gobierno la flexibilidad ideal del estadista para encausar las pasiones dirigidas contra él. Pero no es la suya la flexibilidad cobarde y mentirosa de quien en momentos de tumultos se pliega a estos para salvarse, sino la actitud inteligente de quien cede para dar una lección, y abrir una oportunidad al diálogo".
Allí vemos como el general López Contreras con su estribillo de "calma y cordura" navegó entre las aguas turbulentas de un comunismo exacerbado por el reciente triunfo en Rusia de la revolución de Octubre, y las aguas cenagosas del gomecismo armado que aspiraba a mantenerse en el poder en cualquier forma.
Mientras mantenía la paz y la armonía realizó una auténtica revolución institucional reduciendo el período presidencial a cinco años y con el llamado "Programa de Febrero" dio origen a instituciones que hoy son orgullo del país, como las leyes del Trabajo, del Seguro Social Obligatorio, de Tribunales y la creación de los ministerios del Trabajo, de Agricultura y Cría, de Sanidad, de los bancos Agrícola y Pecuario, Industrial y Central, de la Contraloría General de la República y muchas más que sería muy largo enumerar.
Dice Tomás Polanco que "más trascendental que todo eso fue el acento moral intangible que le imprimió a su actuación como gobernante. En efecto, López Contreras impuso como ley no escrita la moderación de su propia conducta. Impasible ante las críticas dio al poder un significado ético que nunca antes había tenido, de modo que cuando hablaba por radio la nación entera lo escuchaba y ponderaba sus palabras" como las del primer magistrado (maestro) que no podía mentir y a quien se debía seguir

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