Marcel Carvallo Ganteaume // El hombre y el Estado
El Estado no es más que un instrumento que las sociedades políticas requieren para lograr sus objetivos y no como creía Hegel, la suprema encarnación de la idea, es decir una especie de súper-hombre colectivo.
Poner al hombre al servicio del Estado es una perversión política, pues el hombre no es para el Estado, sino el Estado para la sociedad y ésta para el hombre.
Puede decirse que el Estado es la parte superior del cuerpo o sociedad política en el sentido de que es superior a las demás partes de ese cuerpo colectivo, pero no es superior a dicho cuerpo, como una parte no es ni puede ser superior al todo. De modo que el Estado es inferior al cuerpo político al cual debe servir y al cual debe sujetarse.
Según la teoría "sustancialista" o "absolutista" del Estado, éste es un sujeto de derecho, es decir una persona moral y, por tanto, un todo impuesto sobre el cuerpo político gozando de un poder supremo en virtud de su propio derecho e interés.
Ahora bien, está en la naturaleza del hombre y de sus instituciones que mientras más grandes y poderosas sean tiendan a dominar a su entorno, imponiéndose sobre él. Así, el poder del Estado tiende a su incremento extendiéndose sin cesar y tendiendo a la autarquía burocrática llegando a considerarse no como un instrumento de la sociedad, sino como la sociedad misma a la cual pretende sustituir para lograr el fin propio de ésta.
Por otra aparte quienes se dedican a los asuntos del todo tienden a tomarse ellos mismos por el todo, de manera que en tiempos de las monarquías absolutas la autoridad del rey se imponía sobre el cuerpo político, de modo que Luis XIV pudo decir, no sin razón, "el Estado soy yo", pues él creía disponer, como en efecto disponía, del poder supremo en virtud de su propio derecho, es decir, que poseía la soberanía que implica un derecho natural e inalienable a un poder considerado como supremo separadamente y por encima del cuerpo político, es decir, de la sociedad a la cual debía servir.
Según esta concepción el Estado es una mónada metafísica; es decir, un todo para sí mismo, el todo político en su grado supremo de unidad e individualidad. Este concepto del Estado transformado en un absoluto ha manifestado una tendencia a sustituir al pueblo, al cuerpo político, permitiendo en nuestra época el totalitarismo racial con el nazismo germánico, el totalitarismo nacionalista con el fascismo italiano y el totalitarismo socioeconómico con el comunismo ruso.
De modo que cuando el señor Adán Chávez, ministro de Educación de un "poder popular" constitucionalmente inexistente, sostiene la tesis del "Estado docente", lo que pretende, tomándose a sí mismo por el todo, es que el Estado, encarnado en él (en Adán Chávez), separado del cuerpo político e impuesto sobre éste, asuma la responsabilidad docente propia del cuerpo político y no del Estado al cual debe servir instrumentalmente.
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